jueves, 15 de mayo de 2025

Donde el alma no duerme.

Otra vez aquí.

Donde el alma no duerme

y el cuerpo no huye.

Donde el frio susurra

lo que el miedo intuye.


Con la piel descubierta

y la luna despierta.

Testigo silente 

de una herida abierta.


Sobrestimulada por voces sin cara,

que rozan la piel,

pero no dicen nada.


Sola, vacía, quebrada.

No por falta de amor,

sino por su retirada.


El tiempo avanza

y tú detenida,

atada a una historia

jamás compartida.


No puedes decirlo,

no hay quien lo entienda.

Asi que lo tragas.

Asi que te encierras.


Vuelven las noches

que nunca se fueron.

Las mismas preguntas

que siempre volvieron.


El tiempo te pasa,

sin prisa, sin pausa.

Te pesa, te engulle, te arrastra.


La careta primero,

la sonrisa no basta.

Te vistes de calma,

ya toca mentir.


Otra vez aquí,

donde aprendiste a fingir. 


lunes, 3 de agosto de 2020

Del ayer que nada queda.


Alguien me ha dicho que ya no pareces tan cansada.
Que la vida ya no te agota tanto.
Que levantarte de la cama ya no cuesta.
Alguien me ha dicho que ya no tienes que pintarte una sonrisa,
que se te dibuja sola.
Alguien me ha dicho que brillas un poquito más que ayer,
Que reflejas la nueva luz que ha entrado por una pequeña ventana llamada destino.
Alguien me ha dicho que vuelves a creer.
En ti.
En él.
En un nosotros.
En el para siempre.

[borrador]

Alguien me ha dicho que dejes de ser tan ingenua.

Alguien me ha dicho que las letras de canciones podrán cantar un "tú y yo contra el mundo", pero que el mundo siempre gana.

Alguien me ha dicho que te olvides.

Que en el olvido, todo duele menos.

Supongo.


I guess I have never been trully happy
and never actually knew how to be it.


I have always wanted everything to be perfect.
Big mistake, I guess.


I have always thought I would find happines in perfection.



But nothing is perfect.

And that leads to deception.

And deception means there is no happines.


Not for me, at least.
Not for me, I guess.


jueves, 23 de abril de 2020

A veces.

A veces pienso si es posible que se rompa el bote tanto remar a contracorriente.

A veces siento que pongo piedras sobre un muro construido en lodo.

A veces creo que nos engañamos a nosotros mismos.

A veces sí.

A veces es solo tal vez.

miércoles, 22 de abril de 2020

Cigarrillos.


“Él corría, nunca le enseñaron a andar.
Ella huía de espejismos y horas de más.”

Hoy salí al balcón a fumarme un cigarrillo.

Mientras exhalaba el humo de una de las caladas, me di cuenta de que le necesitaba más que al respirar. 

Sin saber cómo ni por qué, aquella calada abrió en mí un fuerte pensamiento: De repente me sentía como aquel cigarro.

Él me había encendido y quería que me disfrutara hasta consumirme, que con cada roce de sus labios sintiera que una parte de mí se iba con él.

Me di cuenta de que, si él no estaba, solo quedarían cenizas.


Seguí absorta en mis pensamientos y entonces, sentí miedo.

Miedo de quedar igualmente reducida a cenizas. De que como el humo del cigarro apoyado en el cenicero, mi esencia, mis sentimientos por él, quedaran también suspendidos en el aire, sin rumbo, sin un cuerpo en el que descansar.

Cuando menos lo espero, me derrumbo en pedacitos sin motivo aparente.

Me asaltan las dudas, las inseguridades.

Ahora quiero hablar con él, y huyo, como siempre he hecho. Mi voz me la juega y me abandona.

Tengo miedo porque a veces siento que me pierdo en él.

Porque me embelesa con cada uno de sus rasgos…

Con su mirada esmeralda y sus tiernos labios.

Su brillante flequillo rebelde.

Sus fuertes brazos y sus manos masculinas.

Su depurada espalda y sus contorneadas piernas.

Su piel color canela y su dulce tacto.

Porque sí, Él es perfecto.


Perfecto en cada uno de sus moldes, en cada cicatriz que marca una etapa de su vida… mientras que yo solo me siento como una maraña de pequeños desastres a la que le aterra no ser suficiente.

Tengo miedo porque me veo en sus ojos, atrapada dentro de él y sin querer salir.

Todas las noches pienso que me encantaría dormir con él al lado.

Que odio la soledad de mi cintura sin sus brazos alrededor.

Que ojalá levantarme a la mañana siguiente para acariciarle suavemente el rostro hasta que abriera los ojos y susurrarle: “Buenos días, mi mundo acaba de despertar.”


Me gustaría gritarle que le quiero.

Que es la persona que siempre había esperado conocer.

Me gustaría decirle que, cuando ya perdí toda esperanza, apareció él, de la nada, con su embaucador encanto… y que me dejé arrastrar por su fresca marea.


Me gustaría decirle que muero con cada uno de sus besos, cálidos como ninguno.

Que adoro sus labios rozando los míos, con esa ardiente avidez de fundirnos en uno.

Que me embriaga la afabilidad de sus besos tiernos en la mejilla que me hacen sentir tan pequeña.

Que me encanta deleitarme entre sus brazos, regodearme en ellos.

Que solo siento paz cuando me acuesto sobre su pecho.

Que me deslumbra cada día un poco más, encaprichándome de todas sus maneras.

Que le deseo irrefrenablemente. 

Que solo escuchando su voz siento unas ganas que me hacen querer gritar. 

Que los sentimientos me oprimen el pecho, se arremolinan en él y no saben cómo salir.

Que cuando aparta suavemente el pelo de mi cara y me besa, siento un escalofrío por todo el cuerpo.

Que cuando me toca, la espalda se me arquea suavemente y los gemidos ahogados suspiran en mi garganta.

Que le busco desesperadamente todos los días y cuando no le encuentro siento que me muero.

Que prefiero ser una loca enamorada a estar cuerda y vacía.

Que sí, me enamoro cada día un poco más de él.

Que ninguna discusión evita que lo que siento siga creciendo.

Que tengo miedo.


Me gustaría decirle que hoy salí al balcón a fumarme un cigarrillo, y al final fue él quien me consumió a mí.

-F-




lunes, 17 de junio de 2019

Final.

"Quien no arriesga, no gana" - dicen.

"Quien arriesga y pierde, se pierde a si misma." - callan.

domingo, 16 de junio de 2019

De cuando el viento ya no se lleva los miedos.

Hay tanto por hacer y tú sigues ahí, hecha un ovillo en la cama.

¡LEVANTA! grita una voz en tu cabeza, pero la presión en el pecho no te deja si quiera estirar tu cuerpo. Y te sigues encogiendo y encogiendo, cada vez más pequeñita, mientras las paredes del cuarto parecen a punto de desplomarse sobre ti.

¡LEVANTA! brama de nuevo. Pero... ¿levantarse para qué?, - contestas en susurros... - Si me levanto, la realidad me va a golpear y me va a enviar de nuevo al suelo.

De aquí ya no puedo caer más.


Siempre tuya. Siempre mío. Siempre nuestros.


"My thoughts go out to you, my immortal beloved.
I can live only wholly with you or not at all...
Be calm my life, my all. Only by calm consideration of our existance
we can achieve our purpose to live together.
Oh, continue to love me, never misjudge the most faithful heart of your
beloved.

Ever thine.
Ever mine.
Ever ours."


viernes, 26 de enero de 2018

Irreconstruible

A menudo me paro a pensar si hay mas personas que tengan secretos como los mios. Si hay mas personas que también se pierden entre sus pensamientos y entre sus emociones. Si hay mas personas que cuando duermen solas, siempre lloran. Si hay mas personas que se agobian de la compañía continua porque no tienen esa intimidad que es solo suya... en la que se libera esa oscuridad que nadie mas conoce. ¿Por que nos esforzamos en crear lazos, si nadie puede llegar a entendernos de verdad? O a lo mejor soy yo, que además de rara, soy una dramática. Siempre pienso que estoy mejor sola... pero luego echo de menos ese abrazo sincero que te reconforta. Y pensarás...claro, y luego una vez que lo tiene, ya no lo quiere. Pero...¿sabes por que ya no lo quiero? Porque no es sincero.

Por unos me he sentido incomprendida, por otros usada, por otros traicionada... y a veces todas a la vez. Un atisbo de algo mágico, y enseguida un puñetazo para volver a la tierra fría, y caer herida, descalza, desnuda... con todas las cicatrices a la vista, pero que nadie ve.

"Te quiero", dicen. Pero jamás es de verdad. Nunca piensan en el significado que esconden esas dos sencillas palabras. No piensan en lo que conlleva, en su compromiso con el pasado, presente y futuro.

Me niego a creer que si de verdad todo esto es amor, el amor es capaz de desvanecerse tan rápido. ¿Esta es la poderosa arma de la que hablan los literarios y cineastas? ¿Un arma débil, a merced de los intereses de quien la usa, un arma que tiene fecha de caducidad, que se desvanece sin razón aparente?

No puede ser tan sencillo. No se puede amar y olvidar al mismo tiempo. Porque entonces vivimos en unas relaciones miserables, egocentricas, hipocritas e inutiles.

Me he cansado de acumular heridas. De amontonar personas y recuerdos. Me he cansado de ese "Tal vez..." que ilusiona para luego matarte con un "me equivoqué".







jueves, 31 de agosto de 2017

Las batallas más duras son las luchas contra uno mismo.

Corazas. De aquellas armadas con lágrimas, esas que prometimos no derramar jamás. Corazas que creemos impenetrables y que sin embargo tienen mil puntos ciegos. Corazas que se derrumban con el tacto de una pluma. Tan duras por fuera y tan débiles por dentro. 
Y para qué construirlas si son todo fachada? Porque no protegen, esconden. No son corazas, sino guaridas. Pequeños rincones donde el perro puede lamerse tranquilo las heridas mientras ofrece al mundo la más falsa de las sonrisas. 

jueves, 14 de enero de 2016

Yin - yang.

             Me gustan los caprichos. Odio la gente que por ello, cree que todo lo que me interesa ha de ser un antojo y se me pasará a los pocos días. Odio que a veces tengan razón. Me gusta dejar la persiana levantada por la noche, y que todos los rayos del sol entren a través de las cortinas por la mañana para deslumbrar un nuevo día. Odio que sea el sonido del despertador quien me despierte. Odio trasnochar, pero me encanta asomarme a la ventana y ver las calles en silencio, hasta que llega la mañana y se escuchan los primeros sonidos de los más madrugadores. Me encanta el chocolate, las chucherías de mil colores y todo lo dulce. Odio lo empalagoso, aunque mi concepto de empalagoso tenga unos límites más amplios que el de los demás. Me gustan los vicios. Me encanta una buena tostada por la mañana, adoro desayunar fuera, pero odio cuando te dan la mantequilla dura y no se puede extender por el pan. Odio ser tan despistada, y resguardarme en esa excusa cuando sé que no he hecho algo bien. Me gusta hablar con alguien en persona, y si no puedo, prefiero un buen mensaje antes que una llamada de teléfono. Odio los juicios y prejuicios, odio la gente que habla sin saber, que ve la mota sólo en el ojo ajeno. Odio la gente que piensa que sus experiencias valen para ti. Me gusta sentir que cada cosa que vivo es nueva, cualquier persona, lugar o experiencia que me queda por conocer es totalmente nueva, aunque haya personas que intenten hacerte creer que lo verás con los mismos ojos que en su día lo vieron ellas. No es que me agrade regodearme en el pasado, pero es algo que no puedo evitar.  Odio pensar en el futuro, es algo que me parece aun más inútil que encerrarse en el pasado. El presente, el momento, cada instante, es algo que me encanta. Me gustan los impulsos. Adoro la sensación de independencia. Odio que luego sea tan abrumadora que la haga parecer soledad. Me encanta desconectar. Odio darle después mil vueltas a todo lo que sucede a mi alrededor, y odio aun más darle vueltas para no llegar a ningún punto coherente. Odio la gente que sólo te habla cuando espera conseguir algo, y que cuando ve que no puede obtenerlo, desaparece, sin más. Me encanta escuchar música como si fuera un sonido más del día a día. Odio cuando los vecinos se quejan porque está demasiado alta. Odio que luego ellos sí puedan subirle el volumen a eso que ellos llaman "música". Odio eso de “consejos vendo, y para mí no tengo”. Peco de ello.

domingo, 6 de abril de 2014

Los vaivenes del viento.

El viento jugaba con ella. Agitaba sus cabellos, volviéndolos ondinas cobrizas que dialogaban con los rayos del sol que se asomaba tímido entre un sinfín de nubarrones. Arremolinaba las hojas secas en sus pies, jugueteando con ellos y rozando suavemente sus piernas cuando este las elevaba del suelo. Le encantaba el otoño y sus dulces brisas. El viento de otoño había sido siempre su compañía más fiel. Como toda relación, a veces dolía. El frío cortaba sus labios, pero incluso esa sensación le placía, cuando se entretenía mordiendo sus pieles secas, convirtiéndose en uno de sus mayores vicios.

Él la había vislumbrado hacía tiempo, siempre sentada en el mismo banco. El más recóndito de todo el parque, a la sombra de un gran roble, robusto y con mil historias atrás, como él. Se sentaba en el banco más cercano a ella, y levantando su mirada del periódico la observaba cada día con detalle. Su silueta se mimetizaba con las demás esculturas del parque, tan pétrea como ellas, pero con una imagen vivaz en sus ojos. Sus ojos verdes podían verse a distancia, resaltaban entre las hojas amarillas y marrones que se amontonaban a su alrededor. Eran unos ojos grandes, siempre abiertos, sin perder ni un solo detalle, pero a la vez, tan distantes y ausentes de cualquier mundo existente fuera de ella.

Un día, ella dejó de ocupar aquel banco. Se fue, y con ella se llevó al viento. Él, sin embargo, siguió acudiendo a aquel lugar a sabiendas de que, si algún día pudiera volver a encontrarse con ella, sería allí.

Así pasaron inviernos, primaveras, veranos, e incluso otoños enteros. Pasaban las estaciones, y él envejecía igual que los árboles con las caídas de sus hojas, pero a diferencia de éstos, él no volvía a rejuvenecer en verano. Cada invierno, con la desnudez de los árboles, su alma quedaba más al descubierto, más cerca de reunirse con su verdadera naturaleza.
De nuevo, un otoño, ella volvió con los vientos nórdicos de antaño. Le vio allí, sentado, como décadas atrás, y entonces lo entendió todo...

-¿Por qué nunca me lo dijiste?
-Te lo dije… pero tú siempre amaste al viento y a la libertad de sus viajes.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

La esencia de ti: tú.


Creo que ya he encontrado la manera de tenerte siempre conmigo: he decidido que vivas en tu pronombre.

Pedro salinas decía que el amor era la plenitud de la vida. Si lo sabía, supongo que hubo de estar enamorado. Supongo que cualquiera se ve superado por la magnitud de ese sentimiento y es irremediable compartirlo. Hizo partícipe de ello al mundo entero y no tuvo que gritarlo, sino dejar su silencio plasmado en el papel. Dibujó su experiencia encerrada en los pronombres para enseñar que el amor era la forma de decir que sí a la vida. Su ella era la ella de todo hombre enamorado, su él era todo él con quién soñaba una mujer, su tú éramos todos sintiéndonos queridos, su yo éramos todos amadores del amante querido.

Así que perdóname si te encierro en un pronombre, pero es que quiero guardarte para siempre conmigo sin privar al mundo de que pueda sonreír también contigo como yo lo hago. Así, mientras yo sé que tú eres la razón de mi vida, los demás sabrán que existe una razón para vivir en cualquier él o ella de las suyas.

“Te quiero puro, libre,
Irreductible, tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y vuelvo ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
Yo te quiero, soy yo.”

Mariana.


Espera. Espera era la que se había apoderado de su vida. Todos los días se sentaba frente a la  ventana y le imaginaba llegar a través de la colina. Se había ido para siempre, pero no importaba, una parte de ella confiaba en que volviera de aquel naufragio. ¿Y si un día él llegaba y ella no estaba? ¡No podría perdonárselo! No, ella tenía que prepararle su taza de café que antañas tardes tomaba, por si volvía, nada podía cambiar. Sus zapatillas a la entrada, su  lado del perchero para colgar su abrigo, su asiento para leer, el capricho de su jardín, su hueco en la cama… Pero todo aquello seguía vacío día tras otro, como vacío estaba el corazón que guardaba ociosamente para él.  Ella no se daba cuenta de que aunque pretendiera parar los días, las manecillas del reloj de cuco seguían corriendo y no daban tregua a nadie. Los días se le echaban encima, pero las noches la aplastaban.  Las hojas de otoño caían año tras otro mientras ella se marchitaba como hacían las rosas del jardín. Porque aquellas rosas no eran las únicas que morían si él no estaba… Mariana, Mariana se desvanecía como los pétalos y el tiempo la hería como las espinas. Pero no importaba, ella esperaba. Porque tal vez, y sólo tal vez, algún día su negro cabello asomaría por la colina.  

Mariana, 1851, John Everett Millais.  

sábado, 21 de enero de 2012

Puzzle.

El amor es esa última pieza de puzzle. Tan evidente, tan segura del sitio que debe ocupar y, sin embargo, tan huidiza, tan difícil predecir cuál va a ser esa pieza y si ni tan si quiera aparecerá al final. Unas veces aparece; queda la última de entre todas y sabes que es esa la que dará por fin sentido a todo. Otras, debido a nuestra impaciencia, al mal saber hacer, a esas prisas que nos llevan a pasar tantas cosas desapercibidas… Esas veces la pieza acaba perdida en algún recóndito rincón hasta que entiendes, tras buscarla desesperadamente, que ese puzzle jamás estará completo.

jueves, 5 de enero de 2012

Peliculas que ves al azar, y acaban marcando etapas de tu vida.

Hace tiempo vi una película increíble: 500 (días juntos).  Me sentí muy identificada con ella., con la protagonista. Me sentí identificada con lo que fui en su día. Pero conforme avanzaba la pelicula, comencé a sentirme como él, como alguien que siempre acaba perdiendo al apostar por quien no debía. Pero hace ya tiempo, que puedo cumplir perfectamente el perfil de la protagonista, de Summer.
Ella era muy independiente. Le angustiaba la idea de poder "depender" de alguien, o de sentir que ese alguien podía depender de ella. Poner "etiquetas" a las cosas "novio, pareja, relación". Todo eso solo creaba ataduras, la hacía pequeñita, y la incitaba a poder sufrir... o hacer daño a la otra persona. Sentía que todo eso, era algo que se le escapaba de las manos, algo que no era para ella. Sentía que el mundo vivía engañado a base de películas, historias de amor, cuentos de hadas y príncipes azules. El mundo entero habla de AMOR, cuando ella desconocía que alguien pudiera saber realmente de lo que hablaba.
Hubo un momento, en el que sintió que se había cerrado a todo. Que era incapaz de sentir. Se auto convenció de que esa era su manera de ser. Que ella necesitaba un espacio, un espacio impenetrable para todo aquel que no fuera ella. Hasta que un día, se despertó, y supo que si no había sabido hasta entonces lo que era enamorarse, no era porque no existiera, si no porque no había encontrado a la persona indicada que despertara en ella esa emoción, una que le diera el significado a esa palabra que tanto desconocía. Porque si hay una palabra que no pueda adquirir significado por sí sola, es esa. Una mañana se levantó y supo, que le había encontrado, que era él.
Esa es justo mi vida. Y él, eres tú. Te he encontrado. Lo sé.

viernes, 30 de diciembre de 2011

La vida sin ella ya no sería vida.

Estaba sentada al final de la barra del bar. Era uno de estos bares pequeñitos, dónde no era muy común ver caras nuevas, y sin embargo, tampoco ninguna conocida. Allí todo el mundo pedía una copa y, mientras se fumaban un cigarrillo, quedaban absortos en sus pensamientos. Algunos vacilaban la mirada a su alrededor, pero pocos se paraban a observar.

Él entró en aquel bar en una noche de casualidades y la vio. Nadie se giró para ver quién era aquel nuevo presente, ni si quiera ella. Cruzó el umbral de la puerta y, antes de bajar la pequeña escalinata, sus ojos se clavaron en ella. No llamaba excesivamente la atención, pero había algo en ella que la hacía sobresalir entre aquella atmósfera de humo que refulgía entre las vidas de aquellos sin nombre, disfrazada de alguien más que cree que es nada dentro de un todo. Su camuflaje no era del todo acertado, ya que su vestido en tonos lima desentonaban entre los grisáceos del local, sin embargo, la escasa iluminación del mismo permitían que incluso el blanco más resplandeciente tornara en negro carbón. Su cabeza gacha y el humo del pitillo bailando con sus negros cabellos acompañaban el disfraz, desvirtuando sutilmente su vibrante imagen. Él se apresuró a cruzar la habitación y despojarla de ese disfraz que tan poco le favorecía. En ese preciso instante, ella se giró y ambas miradas se cruzaron, o más bien, chocaron. El choque le hizo detener sus pasos, quedó paralizado, perplejo ante sus ojos, sinuosamente sensuales incluso desde aquella distancia. Eran unos ojos grandes, verdes, que de repente, le miraban desafiantes, con una serenidad salvaje. No sabía si gritaban ¡ven! o ¡vete! Decidió arriesgarse a no ser invitado y continuó caminando hacia ella, a sabiendas de que si no se acercaba, su mirada quedaría clavada en él para siempre, y las ganas de más le robarían su vida. Porque la vida sin ella ya no sería vida.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Sense titol.

Parece que todas las relaciones, sean de la índole que sean, están destinadas a romperse, ¿no? 
Unas se las lleva la muerte, y otras… se las lleva la vida.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Señales.

Porque la vida a veces te manda señales... a veces las ves, otras tantas las pasas por alto, y muchas más das cuenta de ellas cuando ya es demasiado tarde...

Y por si no fuera suficiente, incluso cuando las encontramos, puede que las interpretemos bien o que las interpretemos mal. muchas veces nos cegamos por nuestros deseos más ocultos, y manipulamos las señales para autoconvencernos de que la decisión que vamos a tomar es la correcta... Otras veces no nos hace falta si quiera que haya una señal, podemos inventárnosla o podemos simplemente admitir que no la necesitamos, que es así, y no hay más.

Pero claro... admitir esto seria admitir que nos hemos equivocado... implicaría sentir inseguridad, sentir que no sabemos que hacer, que estamos perdidos... 

Por eso la mayoría de las veces no lo admitimos a no ser que sea demasiado evidente... o demasiado tarde... tan tarde como para que el error cometido salga a la luz de una manera tan cegadora que nos haga ver la oscuridad en la que ya de por si estábamos.... ¿Como saber cuándo hacemos lo correcto? ¿Como saber cómo seguir esas señales? ¿Como saber cuándo nos dejamos guiar inconscientemente de nuestros impulsos? Quizá no haga falta... quizá no sea tan malo... quizá esa oscuridad no de tanto miedo...

Puede que a veces, y solo a veces, hacer lo incorrecto es hacer lo correcto porque... ¿qué es lo correcto? Es tan subjetivo... ¿Lo correcto para quién? ¿para ellos? ¿para ti? ... A veces hay que salirse de lo correcto para abrir un nuevo camino... a veces hay que dejarse guiar por esos impulsos escondidos... por esos deseos que ni si quiera sabíamos que ansiábamos....dejarse llevar... manipular las situaciones incluso si hace falta para sentirnos más seguros de que lo hacemos bien... para conseguir lo que queremos... lo que creemos que nos dará la felicidad... sin importar todo aquello que se pone en nuestra contra...

¿Y qué pasa si realmente... no nos da la felicidad? Se diría que "hemos aprendido una lección" pero no es así. Hemos DESCARTADO un camino que seguir... 
Hasta que no estemos seguros de que por ese camino no podemos ir... no dejaremos de cruzar por ahí. Da igual que una vez nos encontremos con una o mil piedras que nos hagan retroceder, alejándonos de él pensando que es malo... porque siempre quedará la duda de ¿qué pasaría si llego al final ? ... 

Hasta que no lleguemos al final de ese camino... no pararemos hasta saber QUÉ nos deparará... si será bueno para nosotros o no... Y da igual que para muchos sea "tropezar con la misma piedra", " no aprender la lección ", porque nosotros sabemos que no es así... que lo que buscamos es saber si lo que deseamos esta al final de ese camino, necesitamos saber que hemos luchado lo suficiente por encontrarlo. Necesitamos saber si lo que queremos esta ahí o no... para poder dejarlo atrás y seguir por otro, aunque para ello tengamos que cruzar el mismo campo de espinas una y otra vez... hasta que logremos llegar al final... un final que nos disuelva las dudas.. ya sea para bien, o para mal....

Porque cuando lleguemos al final... sabremos que hemos sido nosotros mismos... que hemos sido guiados por nuestros impulsos más ocultos... por los más verdaderos.... Y da igual si al final resulta que no era lo que esperábamos.... porque significará que estaremos un paso más cerca de encontrarlo....

O quizá no. Quizá sea todo blanco o negro. Quizá sea solo no cometer el mismo error, quizá lo hayamos aprendido todo, quizá no debamos seguir por ese camino, quizá llegar al final signifiqué no salir de él jamás... Quizá lo que para otros ya está más que sabido, debe de estarlo para ti también....

Tú decides si quedarte con la duda o no.... si ser prudente o arriesgar las veces que haga falta. De todas formas... siempre podrás inventar excusas.


lunes, 14 de noviembre de 2011

Y mirar atrás...

Es increíble la manera en la que se amontonan los recuerdos. Son tantas cosas las que callé y quiero decir. Tengo tantas personas a las que dejé atrás y que me gustaría traer de nuevo que me es imposible dar un paso al frente sin retroceder dos más.

[...]

Pero entonces llega él, y no me da un empujón para seguir... No. Me coge de la mano y camina conmigo.